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Cosas Absurdas

Vil caída

Vil caída

¡Locos!¡Locos!
Todos están locos.
En la villa el alcalde rompe hojas sin pensar...
no hay savia en los árboles,
ya no existirán.
Podredumbre en las aceras, carpas de metal,
domadores extraños y bestias amargas vendrán.
Nadie entiende nada.
El descampado. No entres, allí merodea
el Asfaltador. Dicen que asesino fue, pero cierto no era:
sólo enterraba maletas de recuerdos llenas.
Su trabajo era
duro, su afición le entretenía.
La apisonadora un día
se salió de la calzada
y chocó contra la profunda acera.
Su novia dicen que tuvo que enterrar, víctima desafortunada.
Ahora se siente desgraciado, nunca lo dijo
pero ve ojos en los vasos.
Con sus maletas
merodea en el descampado.
¡Hija, no vayas ahí! Gritaba una señora,
la niña le dijo: Pero...

Murmullos en las esquinas desconchadas,
piensa en el alcalde, piensa en la niña fría, piensa;
piensa en el Asfaltador enterrando una maleta.
No hay dinero en el pueblo, todo el mundo lo sabe,
pero nadie mejor que su querido alcalde.
La fiesta del pueblo no se podrá celebrar,
y dicen que han encontrado un lobo seco en el río.
Su pelaje estaba intacto, pero sólo eso.
Algo le quitó la carne, algo y desde dentro.
Las hojas caen desordenadas desde la ventana pintada. Loco
está el alcade, locos
están los sapos.
Loca está la veleta de debajo del tejado.
No vendrán bestias amargas, no
las pagaron, los árboles ya no existen, tendrán que replantarlos.
Mente despierta y mente fría se reunen bajo el puente,
discuten
de como librarse del cuerpo aún caliente.
Susurrando deciden tirarlo al río. El río y el río.
A la mañana siguiente la niña fría grita
desesperada por una amistad perdida.
El Asfaltador ha muerto sin una despedida.

Lágrimas y pelos golpeando las calles.
Las tormentas no vienen,
la muerte viene sola.
Los enemigos del amigo de la niña
se pasean por el barrio. El alcalde suicidado, nadie lo creía.
Pero ya dijo el padre
hará un mes,
poco le queda a nuestro querido alcalde.
Los lobos invaden el pueblo, quieren vengar a alguien.
El lobo seco reposa,
no, no reposa, está
clavado a la pared como trofeo en la casa,
en la casa de las mentes frías.
Ensayos de cartas de suicidio por la habitación,
los lobos entraron.
Ropa empapada
en la esquina,
los ansioso lobos se acercan
a los asesinos. Enfermedades graves se encuentran
en el fondo de un pequeño río.
Frena el coche y baja a ver la niña fría,
una comilona, una carnicería
a los carniceros malditos.
Lobos saciados,
fiesta en el pueblo.
Los árboles
existen de nuevo. ¡Locos!¡Locos! Todos siguen locos.



Menos Asfaltador, su lobo seco y marchito, el alcade y esos dos, cansados,
viejos, marchitos y muertos asesinos.

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